Desde pequeña, las dedicatorias no me van muy bien, era de poner cosas usuales, cotidianas, que apestaban a usado, algo cliché, pero también siempre desde niña he reconocido que toda excepción tiene su regla y es aquí cuando todo se desmorona, para bien o para mal.
La gente me rodea, a menudo con pesar, pareciera que la vida se les va en los pasos y ya nada te han de entregar, ni amor, ni un sigiloso ruido entre sus dientes, entre medio de toda esa masa encontré algo que interrumpió mis ojos, fuera de lo común, fuera de lo usual, bueno yo solía ser de aquellas personas que sólo notaba cosas que las otras no lo hacían, y es allí donde te vi, suele sonar un poco raro decir esto, pero: Creo que llamaste mi atención. Tus ojos, tus pestañas, tu piel blanca, tu pelo, todo tenía una coordinación extraordinaria, exótica, pero no por lo material, lo físico, sino por la personalidad que radiabas, algo en ti me decía que eras diferente, algo en que me reflejaba, algo en lo que compatibilizábamos completamente, era como mi reflejo carnal.
Quizás el menudo encuentro me hacía prestarte atención, quizás mi curiosidad fue más grande que casi me mato, pero creo que es una instancia entre palabras cursivas y un café bien cargado, debo confesar que mis instintos jamás han fallado, que jamás me he auto-traicionado, creo que eres de esos regalos inesperados, esos que llegan de improviso y que abarcan centímetros de una mente y kilómetros de un corazón, de esos que explotan tus emociones y hacen que las emociones estén a flor de piel.
Publicado
por Ana Isabel. en 18:04
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